SALUD Y NATURISMO VEGETARIANO
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La conquista del cuerpo y de la mente

Prof. Dr.Nubor Orlando Facure

http://www.geocities.com/Nubor_Facure/tema3.html

Anatomia del cuerpo

El conocimiento sistematizado del cuerpo humano sólo fue posible después del final de la Edad Media con la ruptura de amarras dogmáticas dentro de la propia medicina y, con las contribuciones filosóficas revolucionarias como las de René Descartes (1596-1650) que separó el cuerpo del alma y liberó a la Ciencia de la interferencia eclesiástica.

 

Hasta entonces, prevalecía el conocimiento empírico organizado principalmente por Claudio Galeno (130-201 d.c.) y, en el transcurso de más de un milenio, cualquier intento de manipular y estudiar el cuerpo humano cadaverizado, era tenido como un sacrilegio. Las experiencias y las descripciones anatómicas de Galeno fueron publicadas a partir de estudios en animales y prevalecieron como verdades dogmáticas hasta el fin de la Edad media, en el siglo XVI. 

En contraposición a los "empíricos" que estudiaban sólo los síntomas y la evolución de las enfermedades, Galeno describió la teoría de las fuerzas vitales de atracción y de repulsión para explicar el funcionamiento de los órganos y el aparecimiento de las enfermedades.

Estas mismas fuerzas promovieron el flujo sanguíneo y, en el cerebro, a través de un montón de arterias denominadas como "red admirable" o "pneuma vital" sería transformado en "pneuma animal". El concepto de "flujo" y de "vitalismo" persistió por muchos siglos y el propio René Descartes imaginaba al alma transitando en el cerebro por la "red admirable" hasta alcanzar la glándula pineal.

Georg Ernest Stahl (1660-1734), médico y químico alemán, llegó a hacerse notable por defender el vitalismo como fuerza propulsora de la vida que se manifestaba en todos los órganos. Él publicó su "Theoria Médica Vera" mostrando que creía que los seres vivos tenían un "anima sensitiva" completamente separada de la materia. Este principio tenía una connotación directa con la existencia del alma sin la cual no existiría la vida.

 Como químico, Stahl era notable por haber creado la teoría del "flogístico" intentando explicar el fenómeno de la combustión por la presencia, en ciertas materias combustibles, de una sustancia que llamó flogístico. Esta teoría duró hasta ser descartada definitivamente por Antoine-Laurent Lavoisier (1734-1794).

En contraposición, Frederich Hoffman (1660-1742), defendía una visión mecánica que perdura hasta hoy en los medios académicos, excluyendo la existencia de cualquier elemento no material para promover el funcionamiento de cualquiera de nuestros órganos.

En el estudio de la anatomía, ocurre una contribución excepcional cuando, William Harvey (1578-1657), en 1628 comprobó que la sangre circulaba por las arterias y venas bombeando por el corazón, quedando establecido definitivamente, a partir de este descubrimiento, el inicio del paradigma mecánico que identificaba al cuerpo humano como una máquina. A partir de entonces, esta máquina fue montada y desmontada para conocer sus componentes y los mecanismos de su eficiencia.

Fue a partir del discurso dualista y mecánico de Descartes (1632), que se abrió a la posibilidad de conocerse los componentes de la máquina humana con la misma curiosidad con que se desmontaba la máquina de un reloj de cuerdas. Descartes ecuacionó el mundo en dos dimensiones, la física y la espiritual. La "res cogitus" que se refería a la mente y al espíritu.  

Los estudios anatómicos ya habían tenido su inicio a partir del siglo XVI, entrando en una era de observación y de comprobación directa, cuando André Vesalius (1514-1564), publicó en Basilea, el "De Humani Corporis Fabrica Septem" (1543) expandiendo extraordinariamente el estudio de la anatomía humana disecando cadáveres y contraponiéndose o hasta incluso hostilizando los antiguos dogmas de Galeno. Entre otras mistificaciones, quedó demostrado que no existe la red admirable en el cerebro humano.

Como consecuencia del análisis directo de los órganos y de sus dolencias el cuerpo humano se fue revelando y, pieza por pieza, todas sus estructuras fueron expuestas.

Marcelo Malpighi (1628-1694), al estudiar la anatomía de los órganos insistía en la importancia de conocer las "piezas del molino" para como consecuencia venir a descubrir el mecanismo que haría mover este molino. Él comprobó la existencia de los capilares sanguíneos y de los alvéolos pulmonares donde se hacían los cambios gaseosos en el pulmón.   

Giovanni Mattista Morgani (1682-1771), en 1761, enfatizando sus estudios en las mesas de necropsia organizó los principios de la anatomía patológica publicando en Nápoles sus trabajos "Sulle sedi e le cause delle malatie indagate tramite l"anatomia".

Willian Cullen (1712-1790), publica en 1769 su Sinópse Metodológica Metódica donde se introduce por primera vez la apología del Sistema Nervioso en la génesis de las enfermedades. Para Cullen la vida estaría situada en el sistema nervioso que cuando actuase de manera fuerte, las dolencias espásticas o cuando su actuase de manera fuerte las dolencias serían espásticas o cuando su actuación fuese débil ellas serían atómicas. Cullen es tenido como el fundador de la patología del sistema nervioso.

Más tarde, Rudolf Ludwig Virchow (1821-1902), expone las células, ampliadas en un microscopio, identifica sus patologías y funda los primeros "Archivos de Anatomía Patológica" proponiendo hacer de la Medicina práctica una aplicación de la Teoría y, la Teoría una aplicación de la fisiopatología. La verdad de cualquier teoría dejaba al poco tiempo de ser la fuerza de la palabra de los doctores magistrales que repetían a Galeno para ser encontrada en las mesas frías de necropsia o en la luz evanescente de los microscopios.

Cuando Robert Hooke (1635-1703) usó por primera vez un microscopio para describir lo que veía en el interior de la corteza, estaba desvelando la intimidad de los tejidos vivos al confirmar la existencia de las células.

 Fue Marie-François Bichat (1771-1802) quien modificó el concepto de parénquima que caracterizaba el interior de las vísceras. Él utilizó por primera vez la expresión tejidos para describir la textura de los órganos registrando 21 variedades de tejidos, que estudió sólo macroscopicamente.

 En 1809, Lorenz Oken (1779-1851), en su Tratado de Filosofía de la Naturaleza estableció que todo ser vivo está constituido de células que, en esa ocasión, aun eran vistas apenas como una pequeña vesícula vacía. La Teoría celular y la formación de los tejidos ocuparon su lugar en la comprensión definitiva del cuerpo humano.

Resurge más tarde una nueva era expandiendo extraordinariamente el conocimiento con la reconquista sistemática de la experimentación animal.

Claude Bernard (1813-1878), pionero de la investigación de laboratorio, descubre la armonía del equilibrio de los líquidos en el organismo enunciando los principios de la homeostasis como regla general para todo ser vivo. Este principio, de connotación mecánica, atribuye, al organismo, la tendencia de mantener dentro de sí mismo ciertas condiciones de equilibrio constantes necesarias para la perpetuación de la vida.  

Cada vez más el laboratorio pasó a formar parte de la investigación de la máquina humana, de sus funciones y de sus desaciertos.

Fue en el laboratorio, estudiando exhaustivamente la colocación de las células del cerebro, que Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) y Camilo Golpe (1844-1926) descubrieron la existencia de la neurona como unidad celular del sistema nervioso.

Charles Scott Sherington (1852-1934), fisiólogo inglés describe los efectos de la estimulación nerviosa explicando los reflejos espinales. Para los vitalistas parecía una afrenta al libre albedrío de la conciencia en la actividad motora voluntaria.

Jonh C. Eccles (1903-1997), confirmó que en la grieta al nivel de las uniones entre las neuronas conocidas como sinopsis, son liberadas sustancias químicas, hoy conocidas como neurotransmisores, las cuales permiten que la corriente del estímulo eléctrico pase de una neurona a otra. Desde entonces, la química cerebral abrió un extenso campo de investigación que permitió el aparecimiento de la Psiquiatria biológica.

 Walter B. Cannon (1871-1945), describió la reacción de alarma desencadenada por estímulos estresantes abriendo campo para la comprensión de la medicina psicosomática. Aprendemos que todos nosotros tenemos mecanismos autónomos para las reacciones de defensa o de fuga liberando sustancias que potencian la contracción de los músculos, aceleran nuestro corazón, dirigen la sangre para las vísceras y el cerebro, amplía la abertura de nuestras pupilas y fija nuestra atención en cualquier cosa hostil que pueda amenazarnos.

Las reacciones al estrés, al mismo tiempo que nos prepara predisponiendo nuestros mecanismos de defensa para la fuga o la lucha, promoviendo un desgastes altamente destructivo para las coronarias, para la mucosa del estómago, para los bronquios, para las suprarrenales, para el hipotálamo y la hipófisis y otras numerosas estructuras de nuestro organismo donde es visible su efecto devastador.

Los secretos de la anatomía continuaran siendo revelados, ahora en un nivel microscópico, cuando, en 1953, J. D. Watson y F.H.C. Crick descubrieron que, en la intimidad de los núcleos de las células, los cromosomas estaban formados por una doble hélice del ADN. No se esclareció ahí el origen de la vida y sí, su perpetuación, o por lo menos, los mosaicos que componen el escenario de este gigantesco rompecabezas.

Con la investigación bioquímica en la intimidad de las neuronas, se notó el efecto de los fenotiazidicos en las sinopsis de células de los núcleos de la base, desvelando la química de nuestro psiquismo. La Psiquiatria biológica aprendió que a pesar de la anomalía del cerebro aparentando una entera normalidad, las alteraciones en los niveles de dopamina, serotonina y litio justificaban el hecho de cuadros mentales en la esquizofrenia, en la depresión y en el disturbio maniaco-depresivo.

La interpretación de la mente o la casualidad de las dolencias mentales sufriría una reducción muy grande si su interpretación o su relación de casualidades fuesen vistas, apenas, por la perturbación de la química cerebral o por el desvío de los logros montados por las redes neuronales. No obstante, esta interpretación, permite una disposición, por lo menos pragmática, para la interpretación de las dolencias mentales y su posible tratamiento.

A partir de 1963 la comprensión de los fenómenos inmunológicos permitió correlacionar la existencia de una interacción entre nuestro comportamiento psíquico, el sistema de respuesta endocrinológica y la producción de células de defensa inmunológica. La psiconeuroinmunología se estructuró como una de las áreas más prometedoras de la medicina del próximo milenio.

En los días actuales, la investigación sofisticada de la estructura de los genes y su participación en las dolencias, especialmente las de carácter familiar, están despuntando como la mayor conquista de este siglo.

  

En 1982 el mundo científico se sorprendió con los descubrimientos de Stanley Prusine que describió la existencia en la intimidad de las membranas de las células nerviosas de proteínas con capacidad de reproducirse autoduplicando, ocurriendo en este lugar una formación alterada de estas proteínas que se depositan en el interior de las neuronas provocando una degeneración celular acelerada. Este nuevo agente mórbido (prions) fue relacionado con cuadros de demencias graves.

Anatomía de la Mente

El conocimiento de la mente merece también ser revestido históricamente. Debemos resaltar sin embargo que, las exigencias prácticas de lo cotidiano, mantuvieron; el interés del hombre ligado a los hechos y las cosas externas. El propio cerebro parece estar funcionalmente estructurado para promover una reacción inmediata del organismo con la finalidad de defendernos de amenazas del ambiente en que vivimos.

Como la prioridad es la sobrevivencia, es más apropiado estar atentos para comprender todo lo que pasa en el ambiente que nos cerca. En este sentido, el desenvolvimiento científico hizo privilegiar inicialmente el conocimiento de los objetos a nuestro alrededor o hasta mismo los astros más distantes

Como ya vimos, el estudio del cuerpo humano es una adquisición reciente en la historia de la humanidad.

Por otro lado, una conjugación de diversos factores parece haber contribuido para que la Ciencia dejase de lado, por mucho tiempo y por cuenta del interés apenas de la Filosofía y de la Teología, el estudio de la mente.

Es probable que para cada uno de nosotros, la experiencia subjetiva sea bastante segura para ofrecernos un conocimiento inmediato de la realidad interior, lo que es suficientemente satisfactorio para las necesidades del día a día. Los temores y los conflictos íntimos pueden ser dejados de lado cuando la prioridad mayor es la adaptación y la sobrevivencia.

Los filósofos griegos abordaron con frecuencia la existencia del alma, la distinción clara entre lo material y lo espiritual, la existencia del mundo de las ideas y la sobrevivencia del alma después de la muerte del cuerpo.

La sugerencia de Sócrates, "conocete a ti mismo", es un apelo muy fuerte al estudio de la naturaleza íntima de nuestro ser.

Platón, anticipando a Freud, sugería que durante el sueño el alma intenta retirarse de las influencias externas e internas y que nuestros sueños son deseos expresos que generalmente no son revelados en el estado de vigilia.

Pitágoras, creía en la existencia del alma asegurando una existencia real para la Psique.

A pesar de la visión mecánica que intentaba aplicar a todos los organismos vivos las mismas explicaciones con que comprendían los fenómenos físicos, los filósofos griegos ya comprendían la percepción como una interacción entre el objeto y el observador.  

De ahí resulta que el contenido de nuestras percepciones va a depender tanto de la naturaleza del objeto como igualmente de la naturaleza del observador.

En el contexto de la dualidad cuerpo y alma, la proposición de Hipócrates es muy actual en relación a los paradigmas de la psicología cognitiva de los días de hoy. Decía el sabio, que los hombres deberían saber que "del cerebro y sólo del cerebro vienen nuestros placeres, alegrías, risas y gracias, así como nuestras tristezas, dolores, pesares y lágrimas… en razón de lo que yo afirmo que el cerebro es el intérprete de la conciencia.

En la cultura occidental el dominio exclusivo del espíritu sobre el cuerpo prevaleció como dogma hasta el siglo XVII cuando el "Discurso del Método" publicado por René Descartes estableció el principio de la duda estimulando el estudio y la comprensión del ser humano como una máquina creada de manera racional y funcional. La dicotomía del dualismo cartesiano, separando el cuerpo del alma, posibilitó el fortalecimiento de una postura materialista para la ciencia ya que a través de sus experiencias el sabio buscaba conocer sólo los fenómenos posibles de ser observados objetivamente.

Un abordaje, tal vez indirecto, más capaz de despertar interés para una posible interferencia de la mente sobre el cuerpo fue creada por Franz Antón Mesmer (1734-1815) cuando en 1775 publicó sus "Escritos sobre la cura magnética".

Él ya había relatado en su tesis de 1776 que creía en la "Influencia de la gravedad en la fisiología humana a través de un fluido inmaterial (éter, espíritu sutil, pneuma)" que podría dar origen a  dolencias y que conseguía revertirlas con el uso de una forma magnética.

Una comisión de sabios, entre los cuales, Benjamín Franklin (1706-1790), no consiguió confirmar, junto a Mesmer, los efectos curativos de los fluidos magnéticos, pero, desde entonces, se puede percibir que, de alguna manera, ciertas personas eran más sensibles a una sugestión inducida por un experimentador.

A partir de ahí, la mente de personas sanas o enfermas puede ser, de cierta manera, manipulada y conducida por efecto de técnicas de sugestión.

James Braid (1795-1861), cirujano inglés, asistió en Manchester, en 1840, a una impresionante demostración de hipnosis que él supo antever la importancia y su aplicación en el alivio del dolor. Estudiando el fenómeno  él publico el "Neurohypnology. The Racional of Nervous Sep, considered in relation with animal magnetism".

Fue, sin embargo, en Nancy, en Francia, que la hipnosis recibió aplicación en el campo de la neuropsiquiatría. Hypolithe Bernheim (1840-1919) y Ambroise-August Libeaut (1823-1904), alrededor de 1870, difundirían en la escuela de Nancy, el concepto de hipnosis como una manifestación de la sugestionabilidad humana susceptible de ser movilizada en todas las personas. Esta concepción contribuyó para el desarrollo del concepto de transferencia estudiando algunos años después en el psicoanálisis freudiano.

En cuanto a esto, el eminente neurólogo de la Pitié Salpêtrère, Jean Martin Charcot (1825-1893), aplicaba la hipnosis en la conducción de sus pacientes con histeria, haciendo suponer que la hipnosis era una condición mórbida inducida apenas artificialmente como compensaciones orgánicas particulares de las histéricas.   

La neuropsiquiatría pasó a profundizarse en el estudio indirecto de la mente humana al correlacionar los hallazgos de la fisiología cerebral que comenzaba a esclarecer el funcionamiento del cerebro y sus relaciones con los comportamientos psicológicos. Así es que, a partir de 1796, Franz Joseph Gall (1758-1828), se vuelve uno de los pioneros en el desarrollo de una teoría de colocación para el cerebro.   

Gall creó la frenología intentando establecer una relación entre los comportamientos psicológicos como, por ejemplo, la benevolencia, la firmeza, la cautela, la compatibilidad, la veneración y la imitación, con las protuberancias craneanas externas. Palpando el cráneo de un niño, sería posible, por ejemplo, predecir su futuro en términos de éxitos escolares. Esta hipótesis, con el transcurrir del tiempo, se mostró totalmente incorrecta cayendo en el ridículo del anecdotario y de la charlatanería. Tuvo el mérito, sin embargo, de sugerir la posibilidad de que las funciones cerebrales y psicológicas ocuparían áreas distintas y específicas en el cerebro.

Cesar Lombroso (1835-1909), siguiendo una línea de investigación semejante, proponía encontrar en características físicas, los trazos de posibles comportamientos psicológicos. 

Estudiando las expresiones de la fisonomía de criminales, suponía que el individuo nacía predispuesto al crimen por las características morfofisionómicas que traían como herencia. Lombroso, publicó "El Hombre Delincuente" en 1893 creando la antropología del crimen que, también, se mostró más tarde, totalmente inconsistente.

Incluso así, perduró por muchos años la idea de la existencia de una "personalidad criminal" o incluso una "personalidad epiléptica" y sus relaciones con la apariencia física. En los días de hoy, están superadas la noción de la existencia de una personalidad epiléptica y mucho menos de que expresiones faciales puedan inducir a diagnósticos de comportamientos patológicos.

Más tarde, el cirujano y antropólogo francés, Pierre Paul Broca, (1824-1880), en 1862, descubre en el cerebro de un paciente internado en la Pitié Salpêtrière que, la imposibilidad que este paciente tenía de hablar, era derivada de una lesión localizada en la base de la circunvalación frontal inferior en el hemisferio izquierdo.

Descubierto el área de la expresión del habla, toda una neurología localizadora se establece rápidamente intentando diseñar el cerebro en términos funcionales y anatómicos montando un mosaico de funciones cada vez más complejo. Carl Wernicke (1848-1905), creo el concepto de dominación cerebral en el que el hemisferio izquierdo del cerebro ejercería un predominio de actividades en relación al hemisferio directo por estar ligado principalmente el lenguaje y la destreza de la mano.

En 1874, él publicó un libro sobre afasia, describiendo un área relacionada con la comprensión del lenguaje hablado localizada en la región parietal izquierda. Wernicke, creía que las dolencias mentales y los disturbios emocionales tenían relaciones con las condiciones y disturbios neurológicos de los pacientes.

Él describió un cuadro psicótico asociado a la abstinencia alcohólica conocida como "delirium tremens". La batalla del dilema cerebro-mente parecía haber sido con fragor vencida por los orgánicos.

El estudio fragmentado de las funciones cerebrales, daba la idea de un cerebro organizado como un mosaico de piezas complejas y, competía al neurólogo desvelar este rompecabezas para encontrar el secreto de la esfinge.

 A partir de 1930, la escuela neurológica de Moscú, sistematizando evaluaciones neuropsicológica de pacientes con lesiones cerebrales derivadas de heridas de guerra, propuso la concepción de actividades cerebrales jerarquizadas en tres sistemas funcionales complejos.

Esta visión de funciones cerebrales organizadas en sistemas, fue desenvuelta por Pioter Kuzmitch Anokhin y Aleksandr Romanovich Lúria (1902-1977), persistiendo hasta los días de hoy, permitiendo al neurólogo comprender el cerebro como organizado en módulos de funciones interrelacionadas y no en subdivisiones de límites más o menos distintos entre sí como se pensaba en el pasado.   

Los engranajes de un módulo participan de alguna manera, a través de fibras de asociación, de las funciones de otro módulo. La palabra clave para esta comprensión es de interacción entre las diversas funciones. La mente es vista, entonces, como una propiedad emanente de esta interacción de funciones.

A la vez de la evolución relacionada con el conocimiento del cerebro, desarrollada por la neurología en la segunda mitad del siglo pasado, se inauguró una investigación extraordinaria de la naturaleza íntima del ser humano, con los descubrimientos de Sigmund Freud (1886-1939).

Este médico vienés, frecuentador de la escuela neurológica de Charcot y conocedor de los avances de la hipnosis de la escuela de Lyón, pudo desarrollar una Teoría de la psique estudiando los cuadros de neurosis de sus pacientes. Él sugirió una organización para nuestro aparato psíquico, esclareció la naturaleza del inconsciente, su importancia en la determinación de nuestras conductas y los métodos para desvelar los mensajes sutiles mortecinos por este inconsciente. 

Para Freud, el inconsciente retiene nuestros deseos que no pueden ser expresados en la conciencia debido a la censura ética y moral a que está sometido.  

Estudiando los sueños, Freud pudo revelar que ellos contienen mensajes simbólicos que revelan el contenido de estos deseos reprimidos en el inconsciente.

Creada la escuela psicoanalítica, diversos seguidores de Freud, como Alfred Adler (1870-1937) y Carl Gustav Jung (1875-1961) entre otros, expandieron y modificaron el pensamiento freudiano, pero siempre considerando la existencia de una energía psíquica en las actitudes y en la motivación de nuestros comportamientos.

La complejidad del psiquismo humano aun no encontró en la Ciencia una Teoría suficientemente amplía para abarcar toda la extensión de sus propiedades.

 Pero, si partimos de la idea de términos de progreso, mucho fue lo que Freud nos esclareció sobre el inconsciente, podemos anotar también, que tanto por el estudio de lo anatómico del cerebro como de sus funciones psicológicas, parece que el conocimiento científico está de cierta manera montando las partes de este enigma que nos va a esclarecer si la mente es resultado de esta aglomeración de fragmentos psíquicos o es una entidad autónoma y ordenadora de todos los fenómenos neuropsicológicos.

Así, podemos anotar que más allá del inconsciente ya tenemos estudios consistentes sobre la neurología de las emociones, sobre la inteligencia, sobre la fisiología de la conciencia, sobre los comportamientos condicionados, sobre la desconexión de los hemisferios cerebrales.

Ivan Petrovich Pavlov, (1849-1940) un fisiólogo ruso, estudiando la producción de secreción gástrica en perros, comprobó que esta secreción podría ser obtenida con la simple presencia del alimento o, con la participación de estímulos provenientes condicionados con el momento de la alimentación.

Al tocar una campanilla cuando el perro recibía un trozo de carne él estaba siendo a propósito condicionado a producir secreción en el estómago siempre que veía la carne, o simplemente, cuando oía tocar la campanilla.

A partir de ahí, el experimento de Pavlov mostró también, que, la psicología podría estudiar los comportamientos humanos a partir de experimentos objetivos en laboratorios. Un análisis más profundo de nuestra rutina nos puede revelar, fácilmente, que en todo instante nos estamos condicionando a procedimientos pre-determinados por la cultura y por la sociedad.

Willian James (1842-1910), fundador de la psicología americana, dio énfasis al carácter altamente personal de los procesos del pensamiento, al carácter siempre mutable de las percepciones, que serían alteradas por el estado subjetivo de la persona que lo percibe. Él creía en una "corriente de la conciencia" comprendiendo que los contenidos mentales no son estáticos e incoherentes, pero sí, resultaban de una actividad organizadora, dinámica de la mente considerando que los procesos mentales sirven a los intereses de los organismos vivos. La noción de flujo de la conciencia propuesta por Willian James perdura hasta hoy.

G. Moruzzi y H. W. Magoun, describieron la implicación de la sustancia reticular en la manutención de la conciencia. Ella es una red de pequeñas neuronas situada en la intimidad del diencéfalo y del tronco cerebral y cuando es dañado se produce la perdida parcial o total de la conciencia. Apenas en este nivel de la subsistencia reticular puede afectar nuestra conciencia en términos neurológicos. Magoun, en 1958 publicó El Cerebro Despierto donde estudió el proceso envuelto en la manutención de la atención y del estado de conciencia.

James Papez, (1883-19589, en los Estados Unidos, estudiando el cerebro de pacientes que fallecieron víctimas por el virus de la rabia, encontró lesiones a nivel del cuerno de Arnon en el lóbulo temporal y, con sus estudios, descubrió las estructuras anatómicamente ligadas a las emociones.  

El cerebro emocional incluye el giro del cordón, o hipocampos, las amígdalas del lóbulo temporal como elementos más destacados. Este conjunto es reunido con el nombre de Sistema del Limbo y organiza todos nuestros comportamientos emocionales más corrientes.    

Jean Piajet (1896-1980), un eminente psicólogo suizo, observando cuidadosamente el desenvolvimiento de sus propios hijos, demostró que la inteligencia se adquiere en bases o etapas que se caracterizan por estrategias específicas que la criatura usa para solucionar sus dificultades y alcanzar sus objetivos. 

El desenvolvimiento de la inteligencia, así como, de todas las otras funciones cognitivas, está unido al aprendizaje ofrecido por la experiencia que el ambiente favorece, y a un desenvolvimiento, o una maduración específica del sistema nervioso que Arnold L. Guesel (1881-1961) entiende como derivado de la mielina del sistema nervioso.

Roger W. Sperry, uno de los ganadores del Nobel de medicina (1981), hizo descubrimientos extraordinarios en pacientes con el "cerebro dividido", en los cuales, una lesión tumoral o quirúrgica había seccionado el cuerpo calloso. A partir de sus test se puede comprobar la distinción entre las funciones del hemisferio izquierdo del cerebro y el derecho. 

En cuanto el lado izquierdo se caracteriza por el uso de razonamientos lógicos el lado derecho tiene una visión emocional y holística del mundo. Con frecuencia hay un cierto abuso en la definición de las funciones de uno y otro hemisferio induciéndonos a creer en la existencia de personalidades diferentes para cada uno de los lados. Lo que hay, en verdad, son estrategias de organización de las funciones que vuelven distintos un hemisferio del otro.

Los neurólogos de hoy, en el capítulo de las funciones cognitivas, a pesar de interesarse por el abordaje de los fenómenos mentales, sólo busca investigar  aquellos que objetivamente se puede observar, ignorándose así las características esenciales de la mente. Para ellos, los fenómenos mentales son causados por procesos neurofisiológicos en el cerebro, y son, ellos mismos característicos del cerebro. Intuitivamente sabemos que nuestras experiencias mentales no pueden ser transmitidas integralmente para terceros.

Paradigma Espírita

En el contexto del abordaje que hicimos sobre el cuerpo y la mente, sobresale un proceso continuo de desenvolvimiento del conocimiento en cada una de estas áreas. Nos resta saber si la ciencia oficial ya notó una proposición predeterminada para justificar el papel de nuestro cuerpo y el significado de nuestra mente.

 En el paradigma espírita, comprendemos que somos seres espirituales, que nuestra mente es la expresión de esa entidad fundamental que produce la energía inmaterial creadora de nuestras ideas.

El cuerpo es instrumento de nuestra voluntad que nos permite vivir la experiencia física en el mundo en que vivimos. Ambos, mente y cuerpo, están sometidos a la Ley de progreso incesante para todos.  

El cuerpo es perecible, en cuanto, a la mente, como expresión de nuestra alma, sobrevive a la muerte y renueva sus experiencias en la dimensión física y en los planos espirituales.

El pensamiento es energía que expresa nuestros deseos. Somos sensibilizados por estímulos externos que desencadenan percepciones cerebrales de varios matices. Los colores, los sonidos, los sabores o los afectos generan en nosotros sensaciones que despiertan deseos, crean ideas y organizan pensamientos que expresamos por el lenguaje.

Esta experiencia sensorial nos permitió desenvolver reflejos, hábitos, instintos, automatismos, discernimiento, razonamiento y, finalmente, la inteligencia y la conciencia de sí mismo en un proceso evolutivo del ser unicelular al hombre con sus billones de neuronas. Por efecto de las vibraciones que emitimos al pensar, estamos obligatoriamente unidos, por sintonía mental, a todas las criaturas que en el mundo entero piensan como nosotros.

El contenido de cualquier pensamiento materializa ideas, en formas-mentales, que nos acompañan como una atmósfera psíquica. Somos los responsables directos por este ambiente psíquico que creamos a costa de nuestros deseos.  

Somos libres para pensar e inducir a los otros a pensar como nosotros. Sin embargo, somos esclavos de las ideas que fijamos para nosotros mismos y de las sugestiones que nos incomodan.  

Nuestro cuerpo material está constituido de células que se aglutinan sobre el comando de la mente que refleja sobre ellas las vibraciones de las ideas que produce. Por tanto, nuestro organismo, es reflejo de la vida mental que elaboramos para nosotros mismos.

Cada uno de nosotros recibe para nacer y vivir, de acuerdo con sus compromisos, una cuota de vitalidad por cuenta del "principio vital" que es fuente de energía divina que sustentará la vida orgánica dentro del plazo que nos fue concedido vivir.

La interacción entre la mente y el cuerpo es procesada por un cuerpo energético intermediario, el cuerpo espiritual, que "procesa" la energía del espíritu en el tono adecuado para ser decodificada por la célula del cuerpo físico.

Todas nuestras actitudes ejecutan memorias en el cuerpo espiritual que, buenas o malas, van a repercutir en la estructuración de nuevos cuerpos que vamos a ocupar en el futuro. Así, las lesiones congénitas son reflejos de nosotros mismos al permitirnos desvíos graves de conducta como el suicidio, el aborto o la violencia con el prójimo, repercutiendo inexorablemente en nosotros mismos exigiendo más tarde, rescate y regeneración.

Las dolencias del cuerpo o del alma, son procesos de aprendizaje e iluminación del Espíritu.

Por Dr. Nubor Orlando Facure - 28 de Noviembre, 2007, 13:28, Categoría: ESPIRITUALIDAD
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