SALUD Y NATURISMO VEGETARIANO
Blog colaborador de la Sociedad Vegetariana Naturista de Valencia (España)


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La Sede de la Memoria

Es común objetar, cuando se nos sugieren las vidas sucesivas a través
de las cuales nuestro espíritu progresa, que son imposibles, puesto que
no guardamos memoria de ellas.

Fisiológicamente, diversos autores aluden a que,  el hecho del
renacimiento revistiendo un nuevo cuerpo, provisto de un cerebro físico
virgen (valga la expresión) de toda vivencia,  no puede recordar 
acciones pasadas, efectivamente, no vividas por ese órgano. Los hechos
que constituyen su historia permanecerán, de esta manera, 
inconscientes durante el tiempo que el espíritu esté en el vehículo
físico, encarnado y fundamentalmente en  estado de vigilia.
Por la misma razón también gran número de sueños no son recordados,
porque mientras dormimos estamos desdoblados y tampoco el cerebro es
impresionado por las experiencias oníricas,  quedando, estas últimas,
registradas en  nuestra conciencia desdoblada.

Para establecer un concepto más amplio de la memoria veamos lo que
decía Charles Richet:
"La memoria es una facultad implacable de nuestra inteligencia, puesto
que ninguna de nuestras percepciones jamás queda olvidada. En cuanto un
hecho nos ha llamado la atención, de un modo irremediable se fija en
nuestra memoria. Poco importa que hayamos guardado la conciencia de ese
recuerdo, él existe de un modo indeleble".

Richet  alude a que todo permanece registrado en el inconsciente
profundo.
Cuando la conciencia abandona el cuerpo, en un desdoblamiento,
producido por cualquier causa natural o provocada, y se desprende de su
influencia , puede ver su pasado, incluyendo todos los detalles ya
olvidados de la presente vida, y también traspasar los límite y acceder
a existencias anteriores, reconstruyéndolas con toda precisión en sus
más mínimos detalles.

En estas consideraciones preliminares diremos que, para poder recordar,
la primera condición es querer hacerlo y, es posible comprobar que
muchos espíritus, aunque desencarnados, permanecen en la ignorancia del
pasado que ellos mismos vivieron, como de hecho también a veces
permanecen ignorantes incluso de su propia desencarnación.

Pero también es posible olvidarlo todo estando encarnado y en el
transcurso de una misma vida. Tratemos de pasada el fenómeno de la
amnesia. J. Maxwell dice así:
"Algunas veces también la noción de la personalidad desaparece. Se
conocen enfermos que, súbitamente, olvidan hasta su nombre, toda su
vida se borra y ellos parecen volver al estado en que se hallaban en el
momento de su nacimiento. Deben reaprender a hablar, a vestirse, a
comer. Algunas veces la amnesia no es tan completa. He podido observar
un enfermo que había olvidado todo lo que tenía relación con su
personalidad. Ignoraba absolutamente todo lo que había hecho, no sabía
en donde había nacido, quiénes eran sus padres. Tenía unos treinta
años. La memoria orgánica y las memorias organizadas por fuera de la
personalidad subsistían. Podía leer, escribir, dibujar un poco, tocar,
aunque groseramente, un instrumento musical. La amnesia en él estaba
limitada a todos los hechos conexos con su personalidad anterior".

El doctor Maxwell concluye diciendo que los hechos demuestran que los
recuerdos pueden permanecer latentes en la conciencia general, pero ser
inaccesibles a la conciencia personal.

El hecho demostrado de que podemos ser llevados, mediante hipnosis, a
diferentes etapas de nuestra presente vida,  prácticamente olvidados, y
revivirlas con todo lujo de detalles, en las circunstancias que
incluyen pormenores y sentimientos que allí fueron experimentados, no
es motivo de duda para nadie.

Hay muchos estados que pueden producir el desprendimiento parcial de
nuestro doble espiritual y provocar de manera fortuita este tipo
de "recuerdos". Entre ellos están la fiebre, el delirio, el sueño
anestésico.

El doctor Enrique Freebern cita el caso de una mujer de 70 años como
sigue:

"En la noche del 13 al 14, percibieron que la enferma hablaba una
lengua desconocida para las personas que la rodeaban. Parecía a veces
que recitaba versos y otras como si conversara. Repitió varias veces la
misma composición en verso llegando con ello a comprender que el idioma
en que se expresaba era el indostánico.
En la mañana del día 14 empezó a mezclar con el indostánico algunas
palabras de inglés; de este modo conversó con sus padres y amigos de la
infancia, o bien hablaba de ellos. El 15 el indostánico había
desaparecido a su turno y la enferma se dirigía a los amigos a quienes
había conocido más tarde, sirviéndose del inglés, del francés y del
alemán.
La señora, de que se trata, había nacido en la India, que dejó para
trasladarse a  la edad de tres años a Inglaterra; el viaje duró cuatro
meses, terminando antes de que cumpliese los cuatro años. Hasta que
desembarcó en Inglaterra, estuvo confiada a los cuidados de criados
indios y no hablaban, por lo tanto, el inglés.
El 13, en su delirio, revivió sus primeros años y habló el primer
lenguaje que había oído. La poesía fue reconocida por ser una especie
de retahíla que los ayayos tienen la costumbre de repetir para hacer
dormir a las criaturas; hablando el indostánico, se dirigía, sin duda,
a los domésticos indios; así se comprendió, porque entre otras cosas
pedía que la llevasen al bazar para comprar bombones.
Se pudo reconocer una continuación en todo el curso de su delirio. De
momento fue cuestión de las relaciones con las cuales estuvo en
contacto durante su primera infancia, luego pasó, en revista, toda su
existencia hasta alcanzar el 16 de marzo, la época en que se casó y
tuvo hijos que llegaron a la mayoría de edad.
Es curioso comprobar que después de un período  de sesenta y seis años,
durante el cual no había hablado el indostánico, el delirio le rememoró
este primer lenguaje de su infancia.
Actualmente, la enferma habla con tanta facilidad el francés y el
alemán como el inglés; mas, aunque sepa aún algunas palabras
indostánicas, es absolutamente incapaz de hablar esta lengua ni
siquiera de componer una sola frase."



Por un desarrollo lógico de este razonamiento aplicado a la posibilidad
de haber vivido existencias anteriores fue como, Jose Mª Fernández
Colavida, primero, y Albert de Rochas, fundándose en las experiencias
del español, años más tarde, desarrollaron lo que ahora
llamamos "regresión a otras vidas".

En el Congreso Espiritista de París en 1900,  en la sesión del 25 de
septiembre se presentó el siguiente informe por experimentadores
españoles:

"Estando el médium profundamente dormido por medio de pases magnéticos,
Fernández Colavida, director de la Revista de Estudios Psicológicos de
Barcelona, le ordena que diga lo que había hecho en la vigilia, el día
antes, una semana, un mes, un años antes, y así, sucesivamente, le hizo
remontar hasta su infancia, que le hizo explicar con todo sus detalles.
Siempre empujado por la misma voluntad, el médium relata su vida en el
espacio, la muerte de su última encarnación, y, continuamente
estimulado, alcanzó hasta cuatro encarnaciones, siendo la más antigua
una existencia enteramente salvaje. En cada existencia, los rasgos del
médium cambiaban de expresión. Para conducirlo otra vez a su estado
habitual, se le hizo volver gradualmente hasta su existencia actual, y
en seguida se le despertó.
Algún tiempo después, de improviso, y con un fin de comprobación, el
experimentador hizo magnetizar al mismo sujeto por otra persona y que
éste le sugiriese que sus precedentes relatos eran imaginarios. A pesar
de esa sugestión, el médium reprodujo la serie de las cuatro
encarnaciones, como lo hizo la primera vez. El despertar de los
recuerdos, su encadenamiento, fueron idénticos a los resultados
obtenidos en la primera experimentación".

Las trasformaciones de los sujetos en el trance del "recuerdo" de otras
vidas es tal que le hace decir al Profesor Flournoy, con respecto a uno
de los casos:

"Hay en todo su ser, en la expresión de su fisonomía, en el timbre de
su voz, cuando habla o canta en indio, una gracia perezosa, un
abandono, una dulzura melancólica, un algo de lánguido y encantador que
responde maravillosamente al carácter oriental.
Toda la mímica de Helene, variadísima y su habla exótica, tienen un
sello tal de originalidad, soltura y naturalidad que uno se pregunta
con estupefacción de dónde le viene a esta hija de las riberas del
Lesmau, sin educación artística ni conocimientos especiales del
oriente, una perfección tal que la mejor actriz no alcanzaría a no ser
a costa de estudios prolongados o de una larga estancia en las orillas
del Ganges".

Albert de Rochas se ocupó de este género de investigaciones. Aquí sus
palabras:

"Desde hace mucho tiempo, se sabía que, en ciertas circunstancias,
principalmente cuando se está cerca de la muerte, recuerdos desde largo
tiempo olvidados, se suceden con una rapidez extremada, en el espíritu
de algunas personas, como si se desarrollaran ante sus ojos los cuadros
de una vida entera.
He logrado determinar, experimentalmente, un fenómeno análogo con
sujetos magnetizados, con la diferencia de que en lugar de evocar
simples recuerdos, hago tomar a dichos sujetos los estados del alma
correspondientes a las edades a las cuales les conduzco, con olvido
completo de todo lo que es posterior a dicha edad. Estas
trasformaciones se operan con ayuda de pases longitudinales que tienen
por efecto ordinario el obtener un sueño muy profundo. Los cambios de
personalidad, si así pueden llamarse  las diversas etapas de un mismo
individuo, se suceden invariablemente según el orden de los tiempos,
yendo hacia el pasado cuando uno se sirve de pases longitudinales, y
para volver al presente, con el mismo orden nos servimos de los pases
transversales o desveladores. En tanto el sujeto no ha vuelto al estado
normal, presenta siempre la insensibilidad cutánea. Pueden precipitarse
las transformaciones con ayuda de la sugestión, mas es preciso recorrer
siempre las mismas fases y no ir muy aprisa, sin lo cual se provocan
las quejas del sujeto, quien dice que se le tortura y que no es posible
seguir"

Examinemos también la siguiente experiencia relatada por Albert de
Rochas:

"...Hemos dejado a Eugenia en el estado de su más tierna infancia,
amamantada por su madre. Profundizando más en el sueño determiné un
cambio de personalidad. Ya no vivía; flotaba en una semi-oscuridad, no
teniendo sus pensamientos ni necesidades ni comunicación con nadie:
Después sobrevinieron recuerdos aún más lejanos.
Había sido antes una niña, muerta muy joven, de una fiebre ocasionada
por la dentición; veía a sus padres llorando al lado de su cuerpecito,
del cual, ella se desprendió muy pronto.
Procedo en seguida a despertarla por pases transversales. Mientras se
despertaba recorrió en sentido inverso todas las fases señaladas,
dándome nuevos detalles, provocados por mis demandas. Algún tiempo
antes de su última encarnación sintió que debía revivir en una cierta
familia; se acercó a la que debía ser su madre y que acababa de
concebir... Entró poco a poco, "por soplos" en el pequeño cuerpo. Hasta
los siete años ella vivió, en parte, fuera de este cuerpo carnal, que
veía en los primeros meses de vida, como si ella estuviera colocada en
el exterior. Entonces no distinguía bien los objetos materiales que la
rodeaban, pero en cambio, tenía la percepción de espíritus flotando
alrededor suyo. Los unos, muy brillantes, la protegían contra los
otros, sombríos y maléficos, que procuraban influenciar su cuerpo
físico; cuando estos últimos lo lograban, provocaban los accesos de
rabia que las madres llaman caprichos.
Josefina, a quien estudio desde más largo tiempo que Eugenia y que en
el ejercicio ha resultado más sensible, me ha permitido reconstruir un
mayor número de preexistencias. Para ello me ha sido preciso un mayor
número de sesiones, durante las cuales, la envejecería o rejuvenecería
turno a turno, coordinando y completando datos y noticias que a menudo
eran oscuros para mí, porque yo no comprendía al principio donde ella
quería conducirme...
Después de haber conducido a Josefina, como a Eugenia, a su más tierna
infancia, por medio de pases longitudinales, prolongados durante unos
treinta minutos, continué la magnetización. Interrogada contestó por
signos a mis preguntas. Aún no había nacido; el cuerpo que debía
evitar, estaba aún en el vientre de la madre, alrededor de la cual ella
se arrollaba, pero cuyas sensaciones ejercían poca influencia en ella.
Profundizar más el sueño magnético, determinó la manifestación de un
personaje, del cual tuve, de momento, gran dificultad en conocer la
naturaleza. Nada quería decir; ni quien era, ni donde estaba; me
respondía con brusquedad y con voz hombruna, que él estaba allí, puesto
que hablaba, en fin, que él nada veía, "que estaba en la oscuridad".
Habiendo llegado a ser más profundo el sueño, alcancé a saber que quien
me hablaba era un viejo, sepultado en su cama y enfermo, desde hacía
mucho tiempo, que respondía a mis preguntas, después de muchas
tergiversaciones, un campesino astuto y rastrero que teme comprometerse
y quiere saber por qué se le interroga. Concluí por saber que se
llamaba Jean Claude Bourdon, y que el lugarejo en donde se encontraba
era Campvent, en la comunalidad de Polliat.
Poco  a poco llegué a captarme su confianza y he aquí lo que supe de su
vida, de la cual, varias veces le hice revivir diversos períodos. Había
nacido en Champvent, en 1812. Asistió a la escuela hasta los 18 años,
porque no aprendía gran cosa, no pudiendo ir a ella más que los
inviernos, puesto que tenía que ocuparse en las labores campestres.
Hizo su servicio militar en el 7 de artillería, en Besamon; debía
permanecer en él 7 años, pero la muerte de su padre le libró al cabo de
los cuatro. No recuerda el nombre de ninguno de sus oficiales; en
cambio, sabe que se divertía mucho con sus camaradas y las muchachas;
me cuenta sus calaveradas, mientras con su manos hace el gesto de
afilarse el bigote.
De vuelta a su país, encontró a su buena amiga Juanita con quien
debiera casarse y de la cual sólo me había hablado ruborosamente, antes
de marcharse. Ahora, a su vuelta, sabe que no hay necesidad de casarse
para servirse de las mujeres; no quiere saber nada de casorio y guarda
a Juanita como manceba. Le hago notar que puede poner a esta pobre
joven encinta: "Y qué, no será la primera ni la última": Envejece
aislado, él mismo se hace la comida.
Tiene un hermano casado en el país, quien tiene varios hijos, el viejo
se queja de su proceder con respecto a él, y no se trata con ellos.
Muere a la edad de 70 años. Después de una larga enfermedad, le
pregunté si pensaba hacer venir al cura: _¡Ah! Bien tú te burlas de mí.
¿Tú crees en todas las tonterías que él cuenta? ¡Va! Cuando se muere es
para siempre.
Muere, y al morir, se siente salir del cuerpo, mas, permanece unido a
él durante largo tiempo. Pudo seguir su entierro flotando por encima
del féretro. Comprendió vagamente lo que las gentes le decían: "Qué
buen desembarazo". Las plegarias del cura le calmaron un poco, pero
esto fue de corta duración.
Ya en el cementerio, permaneció cerca de su cuerpo y lo sintió
descomponerse, esto le hizo sufrir mucho. Vivió en la oscuridad, lo que
le fue muy penoso, pero no sufre, "puesto que no ha robado ni
asesinado". Solamente siente algunas veces sed, puesto que era un
borrachín. Reconoce que la muerte no es lo que él creía; si hubiese
sabido lo que sabe ahora no se hubiera burlado tanto del cura. Le
propuse hacerle revivir. "¡Si fuera verdad, cuánto te querría!"
Las tinieblas en que estaba sumido fueron rasgadas por algunas ráfagas
de luz; tuvo la inspiración de volverse a encarnar y entonces se acercó
a la que debía ser su madre; la rodeó hasta que la criatura vino al
mundo; entonces entró en aquel cuerpo poco a poco. Hasta los siete años
había, alrededor de este cuerpo, como una especie de niebla flotando
con la cual, él veía muchas cosas que después ya no volvió a ver...
Después vino otra personalidad. Es ahora una mujer muy vieja, que ha
sido muy perversa; era una mala lengua que se complacía en hacer daño a
las gentes. Así, pues, sufre ahora mucho. Está entre espesas tinieblas,
rodeada de espíritus perversos. Habla con voz débil, pero contesta
siempre, de un modo preciso, a las cuestiones que le impongo, en lugar
de discutir a cada instante como lo hacía Jean Claude. Se llama
Filomena Carterón.
Profundizando más el sueño, provoco las manifestaciones de Filomena
viviente. No sufre ya, parece muy calmada; contesta siempre muy
claramente y con  sequedad. Sabe que no se la quiere en la comarca,
pero nadie perderá en ello, y ella sabrá vengarse bien cuando llegue la
ocasión. Nació en 1702, de soltera se llamaba Filomena Charpigny; su
abuelo materno se llamaba Pierre Machon y habitaba en Ozan. Casóse ella
en 1732, en Chedorme, con un señor llamado Carterón, del cual tuvo dos
hijos que se le murieron.
Antes de aquella encarnación, Filomena había sido una niña que murió
muy pequeñita; anteriormente fue un hombre que había asesinado, e spor
esto que ella había sufrido mucho y vivido en la oscuridad, aún después
de su vida de niña, durante la cual no había tenido tiempo de hacer
daño a fin de expiar su crimen. No consideré útil prolongar más el
sueño porque el sujeto parecía agotado y producía pesar ver sus crisis.
Sin embargo, había hecho una observación, que tendería a probar que las
revelaciones de estos mediums, descansan sobre una realidad objetiva.
En Voiron, tuve como espectadora habitual de mis experimentos  a una
joven de espíritu muy sereno, reflexivo y nada sugestionable, llamada
Luisa, que posee en alto grado la propiedad (relativamente común en
grado mínimo), de percibir los efluvios humanos y por consiguiente, el
cuerpo fluídico. Cuando Josefina revive la memoria de su pasado, se
observa alrededor de su ella una aureola luminosa percibida por Luisa.
A los ojos de Luisa, esta aura se vuelve oscura cuando Josefina se
halla en la fase que separa dos existencias. En todos los casos
Josefina reacciona vivamente cuando yo toco los puntos del espacio en
donde Luisa me dice percibir el aura de ésta, luminosa u oscura...".


Como conclusión a este estudio diremos que, además de las explicaciones
físicas sugeridas al principio, hay muchas causas de índole moral
aconsejando no recordar nuestras vidas pasadas, y son ellas
fundamentalmente las que han hecho que nos beneficiemos de
esa "amnesia" temporal, en tiempo encarnado.

La mayor parte de las personas somos todavía muy débiles para soportar
el peso de los recuerdos de vidas anteriores, porque además, y como
bien dice Léon Denis, la persistencia del recuerdo hace pervivir
también la idea errónea generadora de los conflictos: los prejuicios de
todo tipo, las intolerancias, los rencores, los remordimientos,
dificultarían nuestra evolución. Y esto aplicado en el recuerdo general
de toda la sociedad haría un caos mucho más grande aún.
Por otro lado el recuerdo de nuestro pasado es esencialmente el
recuerdo de grandes faltas cometidas, por nuestro embrutecimiento
inicial. Y, estas faltas, solo una voluntad  evolucionada consigue
soportar su visión sin sentir tambalear sus propósitos, o sin
acobardarse ante la tarea de la recuperación. Recordar sería más una
tortura moral que un aliciente al progreso, como algunos imaginan.
Teniendo en cuenta que ya quisiéramos, muchos de nosotros, borrar
situaciones desarrolladas incluso durante  la presente vida, resulta
evidente decir que todavía más quisimos borrar situaciones anteriores,
que por la Ley de Progreso podemos asegurar  a fueron aún más
desgraciadas.
Desde este punto de vista podemos considerar el olvido del pasado como
un regalo divino que nos permite disfrutar de una parcela de paz
necesaria para conseguir el propósito previamente planteado a
reencarnar en esta nueva oportunidad.

León Denis nos dice textualmente:
"La vida en la carne es el sueño del alma; es un desvarío, un ensueño
triste o delicioso. Mientras dura, olvidamos los sueños precedentes, es
decir, las encarnaciones pasadas. Sin embargo, es siempre la misma
individualidad que persiste bajo sus dos formas de existencia. En su
evolución, atraviesa alternativamente períodos de contracción y de
dilatación, de sombra y de luz. La personalidad se constriñe o se
dilata en estos dos estados sucesivos, como se pierde y se orienta a
través de las alternativas del sueño y de la vigilia, hasta que el
alma, llegada al apogeo intelectual y moral, haya terminado para
siempre el soñar.
Existe en cada uno de nosotros un libro precioso, en el cual, todo se
escribe con caracteres imborrables. Cerrado a nuestras miradas durante
la vida terrestre, se abre en la vida del espacio, el espíritu
adelantado recorre a  gusto todas sus páginas, y halla en ellas
enseñanzas, impresiones y sensaciones que el hombre material apenas
alcanza a suponer."

Por Leon Denis (Ediciones CIMA, Caracas, 1996) - 16 de Noviembre, 2007, 9:12, Categoría: ESPIRITUALIDAD
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