SALUD Y NATURISMO VEGETARIANO
Blog colaborador de la Sociedad Vegetariana Naturista de Valencia (España)


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¿Estamos unidos en una sola mente?

Un ambicioso experimento científico, desarrollado en distintas
universidades de todo el mundo, intenta demostrar la existencia de una
mente global de la que todos formamos parte y que parece verse afectada
por eventos de gran impacto mundial.


De confirmarse, estaríamos ante uno de los descubrimientos científicos
más importantes de la Historia, que podría provocar un cambio en el
paradigma científico actual.

Mientras usted lee estas líneas, un total de 91 dispositivos
electrónicos, distribuidos en más de 40 países (muchos de ellos en
universidades y laboratorios científicos), están generando
incesantemente una serie aleatoria de ceros y unos, a razón de 200
dígitos por segundo, cuyo significado es aparentemente un galimatías sin
sentido.

Dichos dispositivos llevan realizando su labor desde agosto de 1998, y
todos los datos obtenidos se envían cada cinco minutos vía Internet a un
servidor central ubicado en la prestigiosa Universidad de Princeton (EE UU).

Allí, en las entrañas del laboratorio del PEAR (Investigación de
Anomalías de Princeton), tiene su cuartel general uno de los
experimentos científicos más ambiciosos y fascinantes de los últimos
años: el Proyecto Conciencia Global (PCG), que incluye a expertos de muy
distintas ramas, como sociología, psicología, física cuántica y
parapsicología.

Estos dispositivos electrónicos -bautizados como EGGs
(«Electrogaiagramas») por sus creadores- no parecen a primera vista nada
excepcional. De hecho, podrían pasar perfectamente como un artefacto
electrónico más, parte de la red informática.

Y, sin embargo, estos simples mecanismos podrían estar ocultando -y
generando- en sus circuitos un enigma científico de gran trascendencia
para toda la Humanidad. Aunque parece algo complicado, en realidad el
mecanismo que rige los EGGs es muy sencillo.

Como ya hemos dicho, están compuestos por un chip informático
expresamente desarrollado para generar secuencias aleatorias de números,
en concreto unos y ceros.

Según las leyes estadísticas, pasado cierto tiempo el número de ceros y
unos generados por el pequeño ordenador debería ser prácticamente
idéntico, de forma que si trasladáramos el resultado a una gráfica, ésta
debería presentar una línea prácticamente recta.

Poniendo un ejemplo más cotidiano, los generadores del Proyecto
Conciencia Global simulan el lanzamiento de una moneda al aire,
registrando las veces que sale cara y las que sale cruz. Como decimos,
el número resultante tras cierto tiempo debería ser prácticamente idéntico.

Sin embargo, los científicos del PCG han podido certificar lo que
algunos de ellos ya sospechaban y que, en definitiva, es el objetivo
final del proyecto: en determinadas ocasiones, la línea recta que
debería aparecer en la gráfica se transforma bruscamente, generando
picos muy marcados que no pueden atribuirse al azar o a interferencias
causadas por otros aparatos electrónicos.

Curiosamente, los expertos involucrados en el experimento descubrieron
que dichas «anomalías» en la secuencia de números coincidían en el
tiempo con hechos de relevancia a nivel mundial.

Así, detectaron alteraciones importantes durante el hundimiento del
submarino ruso Kursk, el comienzo de los bombardeos de la OTAN sobre
Kosovo o el secuestro del colegio en Beslan, entre otros muchos ejemplos.

¿Cuál es la causa de tan insólito «comportamiento»? Aunque los
científicos del PCG se muestran bastante cautos a la hora de ofrecer una
respuesta definitiva, Roger Nelson, director y fundador del proyecto,
cree que su experimento podría estar en vías de demostrar la existencia
de una especie de «mente global o planetaria».

Según esta hipótesis, a pesar de que somos seres independientes, las
anomalías registradas parecen indicar que «los campos generados por
conciencias individuales pueden interactuar y combinarse, y en último
extremo incluso hacerlo a nivel mundial».

Dicho de otro modo: todos y cada uno de nosotros estamos interconectados
de tal forma que habríamos creado una especie de «supermente» o mente
global que, entre otras cosas, parece responder a sucesos de gran
repercusión que afectan a un gran número de personas al mismo tiempo.
Y eso es precisamente lo que estarían detectando los generadores de
números del proyecto: las perturbaciones o «estremecimientos» de esa
mente global formada por todos nosotros.

Dicha teoría tiene sus orígenes en los planteamientos del jesuita
Teilhard de Chardin quien, en la primera mitad del siglo XX, ya planteó
su hipótesis de que la población mundial estaba evolucionando hacia una
única mente global, a la que llamó «noosfera».

Inicios de una investigación

Pero, antes de conocer con mayor detalle las características de los
sucesos registrados por el PCG, hagamos un poco de historia.
Los orígenes del Proyecto Conciencia Global se remontan a finales de la
década de los años 70 del siglo XX.

En aquella época, y a pesar del rechazo existente por parte de la
comunidad científica, el profesor Robert Jahn -ex decano de la Escuela
de Ingeniería de Princeton- se mostró vivamente interesado por las
facultades extraordinarias de la mente, como la psicoquinesia o la PES
(Percepción Extrasensorial) y decidió investigarlos utilizando el método
científico y los instrumentos más sofisticados de la época.

Fue así como surgió la idea de utilizar un Generador de Números
Aleatorios (REG, en sus siglas en inglés), un aparato que generaba
secuencias aleatorias en código binario (ceros y unos), y que fue el
«prototipo» de los actuales dispositivos utilizados por el Proyecto
Conciencia Global.

Utilizando este primer modelo, Jahn decidió realizar una serie de
experimentos para determinar si la psique humana podía influir en los
resultados generados por la máquina.

Para ello, utilizó a personas desconocidas que encontraba por la calle y
a quienes pedía que intentaran alterar los resultados, concentrándose en
generar más ceros que unos.

Y lo consiguió. Aparentemente, la mente de aquellos voluntarios logró
alterar la cantidad de números aleatorios arrojados por la máquina,
obteniendo más ceros cuando se concentraban en ese número concreto.

Los pioneros estudios de Jahn tuvieron su relevo en Roger Nelson, otro
reputado científico de Princeton, actualmente profesor emérito de dicha
universidad. Nelson quiso determinar si estas demostraciones del «poder
de la mente sobre la materia» podrían tener más fuerza utilizando grupos
de personas y no individuos por separado.

Fue así como comenzó a experimentar utilizando las redes de meditación.
De nuevo, el resultado fue positivo, a pesar de que desafiaba las
concepciones científicas establecidas.

Años más tarde, Nelson inició los primeros pasos de lo que acabaría por
convertirse definitivamente en el proyecto actual.
Aprovechando las grandes posibilidades que le ofrecía la red Internet,
conectó varios generadores que estaban separados geográficamente a un
servidor central en la universidad norteamericana.

La investigación dio un giro inesperado el 6 de septiembre de 1997. La
hasta entonces prácticamente línea horizontal que se dibujaba en las
gráficas se alteró bruscamente.

Todos los dispositivos, situados en países distintos, estaban
registrando una anomalía. Curiosamente, en aquellos momentos millones de
personas asistían a través de sus televisores a los funerales de Diana
de Gales (Lady Di).

Dos meses después, en noviembre de 1997, Nelson acudió a impartir una
conferencia sobre las facultades psi a la universidad alemana de
Friburgo. Allí coincidió con otros científicos como Dick Bierman, Dean
Radin, Marilyn Schlitz y Jiri Wackermann.

Tras un intercambio de ideas y posturas, juntos sentaron las bases de lo
que hoy conocemos como Proyecto Conciencia Global.

La página web del PCG (http://noosphere.princeton.edu/) ofrece
libremente todos los datos que van recopilando, de modo que cualquier
estudioso pueda realizar su propio análisis y aportar su ayuda u opinión.

Hasta el momento, la web muestra un listado de 181 eventos mundiales que
han sido, según los miembros del proyecto, registrados de forma rigurosa
por los dispositivos del experimento.

Entre ellos se encuentran los atentados del 11-S, el hundimiento del
submarino ruso Kursk, el bombardeo de la OTAN sobre Kosovo e incluso los
atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid y las
posteriores muestras de duelo en toda España.

Todos estos sucesos -o más bien la conmoción que generaron en la
población- aparecen registrados en gráficas que muestran las
desviaciones de esa línea -recta o casi recta- que las leyes de la
estadística dicen que debería producirse.

Sin embargo, los investigadores de Princeton y sus colaboradores podrían
haber descubierto, sin buscarlo intencionadamente, algo todavía más
fascinante.

¿Una ventana al futuro?

El 25 de diciembre de 2004, justo veinticuatro horas antes de que un
terrible tsunami arrasara gran parte del sudeste asiático y causara
cientos de miles de víctimas, los dispositivos del proyecto comenzaron a
«comportarse» de forma extraña.

Las gráficas generadas por los programas informáticos empezaron a
mostrar una marcada curva ascendente, haciendo saltar las alarmas de los
científicos implicados en el proyecto. Un día después, los medios de
comunicación de todo el mundo se hacían eco de las terribles imágenes de
la tragedia en Asia, atrayendo la atención de todo el planeta.

Según los participantes en el experimento, ésta no era la primera vez
que ocurría algo similar. Cuatro horas antes de los atentados
terroristas del 11 de septiembre, los generadores de números aleatorios
también se volvieron «locos».

Del mismo modo, los dígitos generados por los dispositivos del proyecto
sufrieron desviaciones muy significativas poco antes de que tuviera
lugar el terrible terremoto del 17 de agosto de 1999 en Turquía.
¿Significa esto que los dispositivos del Proyecto Conciencia Global
pueden «ver» el futuro? Esta última cuestión ha generado a su vez varias
hipótesis.

En el caso del terremoto y el tsunami, el análisis de los datos abre la
puerta a dos posibilidades igualmente fascinantes: por un lado la
supuesta «mente global» detectada por el PCG tendría la capacidad de
anticiparse al futuro; por otro, tal vez podría significar que dicha
mente no está formada únicamente por las conciencias de los seres
humanos, sino también por las de los animales, que habrían percibido las
señales -indetectables para las personas- que suelen producirse antes de
los movimientos sísmicos.

En el caso de los atentados del 11 de septiembre, las gráficas
comenzaron a sufrir anomalías cuatro horas antes del impacto del primer
avión contra las Torres Gemelas.

¿Vislumbró de alguna forma la mente global lo que iba a ocurrir o captó
la extrema inquietud de los terroristas, supuestamente los únicos que
conocían en ese momento la tragedia que estaba por llegar?
En ese último supuesto -y siempre que los experimentos del PCG sean
acertados-, estaríamos ante la confirmación de que incluso un grupo
reducido de personas puede influir sobre el inconsciente colectivo.


Opiniones enfrentadas

Los resultados obtenidos por el Proyecto Conciencia Global -y las
hipótesis e implicaciones que se derivan de ellos- pueden parecer
simplemente descabellados.
 
Sin embargo, el número de científicos implicados directamente en el
experimento (más de 70, procedentes de universidades de EE UU,
Inglaterra, Alemania u Holanda), como el rigor y el control al que son
sometidos los datos obtenidos, otorga una credibilidad innegable al que,
con seguridad, es el experimento parapsicológico más ambicioso realizado
hasta la fecha.
 
Y como no podía ser de otro modo, un estudio de estas características no
podía pasar inadvertido a las críticas de los científicos más incrédulos.

La más generalizada sobre este proyecto argumenta que las anomalías
generadas por los EGGs pueden explicarse perfectamente mediante el azar,
y que su identificación con sucesos de repercusión mundial no aporta
mayor validez, ya que todos los días se producen noticias de gran
impacto que pueden ser asociadas a las anomalías.
 
De hecho, los críticos señalan que algunas de las desviaciones de las
gráficas no han sido identificadas por los miembros del PCG, quedando
«huérfanas» de sucesos a los que vincularse.
 
El norteamericano James Randi, uno de los escépticos más famosos y
activos, es muy claro a este respecto: «Lo que están haciendo estos
investigadores es mirar gráficas que sus máquinas crean para ver si
ellos encuentran algo. Y siempre encontrarán algo. Son buscadores de
datos, y eso es imperdonable en ciencia».

Sin embargo, los miembros del proyecto -con Nelson a la cabeza-,
descartan por completo esa posibilidad. Aseguran estar utilizando las
técnicas científicas y los cálculos matemáticos más rigurosos para,
precisamente, evitar posibles conexiones aleatorias sin relación real.

«Estamos deseando descubrir que hemos cometido errores -asegura Nelson-.
Pero no hemos sido capaces de encontrarlos, y nadie más ha sido capaz.
Nuestros datos muestran claramente que las posibilidades de obtener
tales resultados por azar son una entre un millón. Esto es enormemente
significativo».

Por desgracia, no todos están tan convencidos como el científico de
Princeton. Otro escéptico, Claus Larsen, ha señalado sus dudas sobre el
análisis realizado por Dean Radin, uno de los colaboradores del PCG,
sobre las «desviaciones» detectadas el 11-S.

Según Larsen, Radin no ha podido explicar qué significan otras anomalías
aparecidas días antes de los atentados, y que mostraban un grado de
desviación similar al registrado el día de los ataques.

Si se produjeron anomalías de tal nivel, argumenta Larsen, algo grande
tendría que haber ocurrido, y sin embargo no se ha encontrado ningún
suceso que pueda asociarse a esas gráficas.

Para otros científicos escépticos en materia parapsicológica, sin
embargo, no hay que desechar ninguna posibilidad. Esa es la opinión del
profesor Christopher French, psicólogo del Goldsmith College de la
Universidad de Londres, quien dedica parte de sus investigaciones al
estudio de supuestas facultades paranormales.

«La idea de que la conciencia podría afectar directamente los resultados
de un generador de números aleatorios no es algo que encaje con el punto
de vista científico convencional sobre cómo funciona el Universo. Pero
el verdadero escepticismo no consiste en rechazar las afirmaciones
porque suenen imposibles, sino en examinar la evidencia presentada en
apoyo de tales afirmaciones», explicó a AÑO/CERO.

«En el caso del PCG, se han publicado algunos resultados intrigantes,
aunque algunos de los estudios están abiertos a la crítica. Uno de mis
alumnos, Itai Ivtzan, ha terminado recientemente un estudio que examina
los efectos de la meditación sobre los resultados arrojados por los
generadores de números, basándose en un estudio original realizado por
Radin. Sus resultados, para mi sorpresa, parecen apoyar la idea de que
la meditación puede tener un efecto directo sobre los generadores, pero
sólo cuando las personas que participan en dicha meditación están al
tanto de la presencia del aparato. Aunque no puede descartarse por
completo la posibilidad de que los resultados sean debidos a errores de
funcionamiento de los equipos, estos resultados son muy intrigantes y
suponen un desafío real para mí como escéptico», aseguró.

Actualmente French ha iniciado un ambicioso experimento paralelo para
verificar si los resultados obtenidos en Princeton son válidos o, por el
contrario, responden al azar.
Por el momento, la investigación se encuentra en su primera fase, «pero
intentaremos ver si se reproduce el efecto», nos explicó el psicólogo
británico.

Hacia un nuevo paradigma

Mientras tanto, Nelson y sus colaboradores siguen trabajando para reunir
más evidencias que avalen sus hipótesis. Todos ellos coinciden en
mantener la prudencia y se muestran muy cautos.

Los miembros del PCG hacen hincapié en que la denominación de «mente
global» es, por el momento, una metáfora que no hay que tomar al pie de
la letra. Los actuales datos, aseguran, «deben considerarse como simples
indicaciones» de que existe dicha Conciencia Global. Al menos por el
momento.

De todos modos, los científicos tienen pocas dudas de que,
efectivamente, se está detectando algo realmente anómalo. «Muy a menudo,
los fenómenos paranormales se 'evaporan' si los estudias durante mucho
tiempo», explica el físico de la Universidad de Utrecht (Holanda) Dick
Bierman.

Las investigaciones actuales de Bierman están dirigidas a clarificar la
relación entre la física cuántica y la conciencia. Sin duda, es una de
las voces más autorizadas para analizar los datos obtenidos por los
EGGs, ya que él mismo participó en el diseño de algunos aparatos. «Pero
esto no ocurre con el Proyecto Conciencia Global.

El efecto es real. La única discusión es qué significa exactamente»,
aseguró en declaraciones a la revista científica Rednova.
Si finalmente los estudios del PCG terminan siendo avalados por el resto
de la comunidad científica, las implicaciones para la Humanidad serían
inimaginables.

Supondría la confirmación científica de que una parte de nosotros, de
nuestra mente, es capaz de afectar el mundo físico. Y lo haría, además,
formando parte de algo más grande, una mente global que une de forma
sorprendente a todos los seres vivos de nuestro planeta.





Por Javier García Blanco.- Fuente Año Cero - 15 de Noviembre, 2007, 15:55, Categoría: CIENCIA Y TECNOLOGÍA
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