SALUD Y NATURISMO VEGETARIANO
Blog colaborador de la Sociedad Vegetariana Naturista de Valencia (España)


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RADIÓNICA:Cómo curar a distancia

Autor: Josep Guijarro
Año Cero y Enigmas.


El método de sanar dolencias mediante la resonancia en el paciente de
pulsos electromagnéticos emitidos por dispositivos electrónicos es una
realidad en la medicina de nuestros días. La ciencia ha descubierto
que los seres vivos vibran con frecuencias que están en sintonía con
energías cósmicas y telúricas. Un desajuste en este «sistema» que nos
une con un hilo invisible al ritmo del Universo y la Tierra puede dar
lugar a la enfermedad. Pero existe una tecnología que permite
restablecer el reloj interno del organismo.

En la década de los 50, el profesor de la Universidad Técnica de
Munich, O. W. Schumann, descubrió que la Tierra resonaba con el aire
-concretamente con la ionosfera-, en una frecuencia de unos 10
hertzios por segundo.

El hallazgo, bautizado por la física como «resonancia Schumann» u
«onda transversal-magnética», fue publicado en las principales
revistas científicas de la época.

Lo peculiar del descubrimiento reside en que algunos ritmos cerebrales
de los seres humanos vibran siempre en la misma frecuencia. Se trata
del ritmo alfa.

Este hecho fue advertido por el doctor Ankermuller, un gran apasionado
de la física, quien no dudó un instante en escribir a Schumann con el
propósito de investigar qué aplicaciones terapéuticas podía tener tal
descubrimiento.

Schumann encargó entonces a su discípulo Herbert König que elaborara
su tesis doctoral en esa línea.

Éste se convertiría casualmente en el yerno del célebre doctor Ernest
Hartmann, descubridor de las radiaciones terrestres que afectan a los
seres vivos y en el sucesor del profesor Schumann en la citada
universidad alemana.



Unidos a la Tierra

Tras numerosos ensayos, König pudo determinar que el valor exacto de
la mencionada resonancia no era de 10 hertzios, sino de 7,8.

Exactamente la frecuencia del hipotálamo, una región de nuestro
cerebro y de todos los mamíferos. A diferencia del ritmo alfa, que
varía de una persona a otra entre los 7 y los 14 hertzios, la
frecuencia del hipotálamo es constante y funciona como un marcapasos
para nuestro organismo.

Tanto es así que su alteración puede provocar desajustes orgánicos
importantes. Se diría, por lo tanto, que estamos unidos a la Tierra
por un hilo invisible y que las alteraciones que sufre el planeta
afectan al equilibrio de nuestra salud.

Este hecho se puso en evidencia durante los primeros vuelos
espaciales. Los astronautas presentaban serios problemas de salud a su
regreso. Al parecer, mientras se hallaban fuera de la ionosfera
carecían de la pulsación vital que nos proporciona la resonancia Schumann.

Para demostrarlo -descartando que las alteraciones se debieran sólo a
la situación de microgravedad propia del espacio exterior-, la NASA
(Agencia Nacional Espacial de EE UU), llevó a cabo singulares
experimentos.

Entre otros, construyó un bunker subterráneo aislado magnéticamente y,
durante varias semanas, encerró en su interior a varios voluntarios. A
los pocos días éstos presentaban desajustes en su reloj interno:
dolores de cabeza, falta de coordinación, desvaríos y alteraciones en
el sueño y el ritmo cardíaco.

La mayoría de personas puede notarlo sobre sí mismas cuando, por
causas meteorológicas, especialmente durante las tormentas solares, se
producen interferencias notables de las ondas Schumann.

«Hay una continua interacción entre la materia y la energía», nos
explica el doctor Francisco Javier Merino de la Fuente, especialista
en radiónica.

«El ser humano está sometido a diversos campos de energía; unos
naturales (energía cósmica, telúrica y del psiquismo humano) y otros
artificiales: electromagnética y ondas de forma (O.D.F). Estas
energías inciden sobre los seres vivos, interactuando con su organismo
mediante fenómenos de sintonía, interferencia, amplificación etc., a
nivel celular».

La teoría radiónica mantiene que el ser humano y todas las formas de
vida están relacionadas, no sólo porque comparten los mismos campos de
energía del planeta en que viven, sino también porque tienen su propio
campo específico, lo que las diferencia y las unifica a la vez.

Si se distorsiona lo suficiente, este campo puede producir un
determinado desequilibrio en el organismo conduciéndolo a la enfermedad.

El poder del pensamiento

La radiónica, precisamente, intenta armonizar las energías de los
seres vivos y las del entorno en el que habitan mediante instrumentos
radiónicos codificados por la mente del operador, que actúa sobre ellos.

No siempre es necesario que el ser vivo a tratar se halle presente. En
muchas ocasiones es posible influir a distancia mediante un «testigo»
suyo (pelos, uñas, una fotografía o, incluso, el nombre o la fecha de
nacimiento).

«En la aplicación de la radiónica -precisa el doctor Merino- se
utiliza energía psíquica o pensamiento, emitida por irradiación y
conducida por ondas electromagnéticas o hertzianas, con objeto de
producir una modificación en el sistema que los recibe, a través de un
mecanismo de resonancia frecuencial».

Los orígenes de esta técnica se remontan a 1916. Por entonces, el
profesor de Patología Albert Abrams, presidente de la Sociedad de
Cirugía Médica de San Francisco (California), creó un instrumento con
indicadores que le permitían medir las reacciones y la intensidad de
las enfermedades de sus pacientes.

Sus trabajos fueron muy criticados, y especialmente sus instrumentos,
que resultaban extraños para la época e incluso llegaron a ser
investigados por la justicia.

Más tarde, otra norteamericana, Ruth Drown, doctora en Quiropraxia,
complementó la investigación original de Abrams y creó nuevos
instrumentos, más sencillos y precisos, perfeccionando asimismo las
técnicas de diagnóstico y tratamiento.

Ruth Drown no sólo llegó a convencerse de que era posible tratar a un
paciente a distancia, sino que también podía realizar las terapias a
través de «muestras testigo» (por ejemplo, una gota de sangre) del
enfermo.

En España los médicos de la Fundación CIATRA han atendido a más de
19.800 enfermos de los que tienen perfectamente estudiados a efectos
de seguimiento y control a 6.858. Todos ellos son pacientes de
diversas enfermedades, que han sido sometidos a tratamientos
específicos empleando métodos radiónicos.

El doctor Merino, que expondrá una ponencia sobre Radiónica y su
interacción con los organismos vivientes en el Congreso sobre
Radiónica organizado por Epsilon Natura, que se celebrará en Barcelona
el 11 y 12 de junio de este año sobre este método de diagnóstico y
tratamiento, afirma: «Esto demuestra que la terapia radiónica puede
contribuir notablemente a la lucha contra el dolor y la enfermedad,
siempre considerándola como un instrumento complementario a la
medicina moderna».

No debemos confundir con la radiónica otras aplicaciones de cierto
tipo de ondas que nada tienen que ver con ésta, aunque sí ilustren el
enorme campo que el conocimiento de las radiaciones y la energía abre
para todo tipo de tecnologías sectoriales.

Así, por ejemplo, muchos países han experimentado con las «ondas
resonantes». Cabe destacar en este sentido a Suiza, Austria y
Alemania, aunque también lo han hecho los Estados Unidos y Rusia.

«Ondas escalares»

La generación electrónica de estas ondas constituye una de las armas
militares más sofisticadas del futuro, ya que mediante las mismas
podríamos interferir en los procesos psíquicos de los supuestos
enemigos (psicotrónica).

Relacionadas con estas aplicaciones están las «ondas escalares», que
en el futuro también podrían aportar un suministro inagotable de
energía. El científico Nikola Tesla ya se refirió a ellas como
«energía radiante».

De hecho, la extinta Unión Soviética aplicó su conocimiento -hace más
de cuarenta años- en el desarrollo de un arma de alto nivel. Entre
1957 y 1958 habrían experimentado con un ingenio provocando un
gigantesco accidente con «electromagnetismo escalar» en los Urales,
que hizo explosionar todos los desechos atómicos cercanos, devastando
una amplia zona.

Pero es importante no caer en el error frecuente de identificar este
tipo de investigaciones y desarrollos con la radiónica. Lo único que
ésta tiene en común con esas aplicaciones militares es que también
trabaja con la energía: la cósmica (procedente del Universo); la
telúrica (proveniente de la Tierra); la artificial generada por el
hombre; y las poderosas y sutiles «ondas de forma».

«Éstas últimas -según André de Belizal- se producen por la oscilación
y vibración de las formas geométricas (planas o de volumen), debida a
la acción de fenómenos exteriores, generalmente radiaciones cósmicas,
pero también a radiaciones telúricas y artificiales, transformándose
en otras ondas de distintas propiedades».

Juan Ribaut, psicólogo y experto radiónico español, es autor de una
interesante tesis titulada La radiónica y la magia son una misma
actividad, en el cual sostiene que las «ondas de forma» son
radiaciones emitidas por la geometría y que sus propiedades eran
conocidas desde la remota antigüedad.

«Existe una Geometría Sagrada -explica Ribaut- que se ha transmitido a
través de diferentes escuelas esotéricas. Buena parte de ella subsiste
en el inconsciente colectivo y es fácil acceder o, incluso, crear
nuevas formas que actúan como portadoras de la energía del pensamiento».

Es el pensamiento, su fuerza, el responsable de restablecer por
resonancia la vibración correcta en un organismo enfermo. Los
instrumentos radiónicos sirven de amplificador y soporte al operador
y, en ocasiones, permiten realizar un diagnóstico. La clave es un
fenómeno llamado «oscilación celular».

Fue descubierto en 1923 por el biólogo ruso Lakhovsky y explica la
relación entre las radiaciones y la vida. Este científico comprobó que
las células de los seres vivos son capaces de emitir y recibir ondas,
actuando como una especie de «estaciones de radio vivientes». La
oscilación celular explica el funcionamiento de las emisiones
radiónicas en el plano físico.

Éstas son captadas por la piel como microcorrientes de altísima
frecuencia, que interaccionan también con el agua de las células. Por
diversos medios, unos de tipo nervioso y otros de carácter energético,
envían la información al cerebro.

Después, son los centros nerviosos rectores los que corrigen las
patologías, reprogramando lo que se encuentre mal en el cuerpo físico.
«La radiónica -concluye el doctor Merino de la Fuente- mueve una
energía sensible para la estructura biológica mediante instrumentos
radiónicos, gracias a las leyes de resonancia y sintonía».

La energía del pensamiento puede, pues, transformar y crear cualquier
realidad.






Por Josep Guijarro - 20 de Octubre, 2007, 17:58, Categoría: CIENCIA Y TECNOLOGÍA
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